Cínico de Sofá:

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España no tiene política: tiene un reality show… y encima hacemos de público

El sueño de la razón produce monstruos

A estas alturas, pensar que los políticos se odian es como creer que en los realities la gente discute porque “se calienta el ambiente”. Ingenuo, pero entretenido.

Según el CIS, más del 60% de los españoles cree que “los políticos no cuentan la verdad”, pero el 80% sigue informándose solo por medios alineados con su ideología. La desconfianza crece, pero seguimos enganchados al mismo circo.

La polarización en España no es un fallo del sistema. Es el sistema. Un producto rentable: si eliges bando, dejas de pensar por ti mismo. Y el teatro político lo explota como si fuera un formato televisivo.

Debates que parecen sketches, ruedas de prensa que imitan monólogos, promesas con fecha de caducidad de 24 horas y dramas diseñados para que parezca que vivimos en dos países distintos. Luego, fuera de cámaras, pactan lo que realmente les importa. Pero eso no da audiencia.

Lo surrealista no es que nos tomen por tontos. Lo surrealista es que funciona. Funciona porque indignarse es más fácil que informarse. Funciona porque preferimos a alguien que grite por nosotros. Funciona porque el teatro nos tranquiliza: si ellos pelean, nosotros ya hemos cumplido.

La polarización es la anestesia perfecta. Nos distrae, nos calma, nos vuelve previsibles. Es el calmante ideológico que evita que miremos lo que de verdad nos afecta.

La pregunta es sencilla: ¿queremos cambiar algo… o queremos otro capítulo más del show?

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